Las calderas de biomasa, entre el ahorro y el ecologismo responsable
Las calderas de biomasa son la solución ideal para reducir la cuenta de gastos por el mantenimiento de la calefacción central de nuestra vivienda. Pero no sólo es una propuesta atractiva por economías, además no es contaminante y, por si fuera poco, se puede incorporar a nuestra casa sin ningún tipo de obra o adaptación técnica. La caldera de biomasa quema residuos combustibles que son subproductos de la agricultura y de la industria de la madera y la alimentaria. En lo que es una segunda vida útil de unos materiales para lo que hasta hace poco sólo eran desechos improductivos de nuestra sociedad consumista. Con las calderas de biomasa, también reciclamos sin darnos cuenta.
Las calderas de biomasa funcionan sin ningún tipo de problemas con pellets de madera, huesos de aceituna siempre que estén secos, pero también con los restos triturados de las cáscaras de almendra, todo siempre que el tamaño de las piezas de material que se utilizará en la caldera de biomasa no sea mayor, en ninguno de sus lados, de un centímetro.
La bondad del sistema de caldera de biomasa es que puede sustituir a una caldera normal central que utilice gas natural o gasoil. Los sistemas de transporte del calor, los entubamientos y los radiadores son los mismos. Aún más, las calderas de biomasa se pueden acoplar a sistemas de generación de calor por acumuladores de agua de calefacción solar y los suelos radiantes que puedan estar instalados en la vivienda, así como otras instalaciones más sofisticadas o menos comunes, como los aerotermos, por ejemplo. La caldera de biomasa aprovecha la modularidad e interoperatividad de estos sistemas para funcionar en línea sin ningún tipo de problema o inconveniente técnico.
Y si de costos hay que hablar, la sustitución de las calderas habituales por las de biomasa juega, con el incremento de los precios de los combustibles fósiles, a favor de las segundas. Los costos de mantenimiento de las calderas de combustibles fósiles tienden a subir, pero las de biomasa siguen el camino contrario, el de la reducción de sus precios de mantenimiento. En cualquier caso, siempre hay que tener en cuenta que combustible se va a sustituir con la caldera de biomasa y cuanto tiempo se utiliza el sistema. Pero siempre se sale ganando con la sustitución, lo que hay descubrir es cuanto más nos ahorramos.
Tampoco resulta desdeñable el factor subvención. Las calderas de biomasa, como todos los sistemas de producción de energías limpias, cuentan con subvenciones por parte de las administraciones que pueden hacer muy rentable su instalación. Las ayudas para la puesta en marcha en régimen privado de las calderas de biomasa suelen estar entre el 30% y el 50% del desembolso de la adquisición del equipo.
Una caldera de biomasa apenas necesita espacio, ocupa el de un pequeño aparador, el que llena una lavadora. El elemento más importante del sistema, a efectos de la producción continua de energía, es el depósito que contiene la materia combustible, la tolva. Cuanto más grande sea, mayor autonomía tendrá la instalación sin nuestro apoyo. Un aparato seguro que no produce malos olores, ni corre el riesgo de deflagraciones, como sucede con otras instalaciones más complejas actualmente en uso.
El rendimiento de la caldera de biomasa es inferior a, por ejemplo, el del gasoil de las calderas centrales habituales. Aproximadamente, se necesita el doble de pellets de madera para cubrir el rendimiento de una unidad de gasoil. Si el gasto de gasoil es del 1.000 litros en seis meses de uso, durante el otoño y el invierno, se necesitarán 2.000 kilos del mismo material que forma la biomasa para alcanzar el mismo rendimiento. Pero siempre, y esto es lo importante, a un coste habitual mucho más reducido. Las calderas de biomasa, en este sentido, también compensan.
La mejor manera de conocer cual será el rendimiento económico y el ahorro de una nueva caldera de biomasa es averiguar el gasto de energía de todo el año, su precio y compararlo con el consumo de gasoil o de gas y su precio, y hacer una simulación con el gasto equivalente de biomasa a los costes actuales. El ahorro seguro que le sorprende, porque, además, algunas empresas le llevan a domicilio el material combustible de la caldera de biomasa y de lo único de lo que tendrá que preocuparse es de retirar las cenizas del compartimento de la caldera cada tres meses. Y la ceniza es, por cierto, un buen abono para su jardín.
Otra ventaja, el proceso de quema de combustible de biomasa no es contaminante en la medida en que es fruto de la combustión de materia vegetal que volverá a la tierra dentro del ciclo natural de la vida. Se puede decir, por tanto, que no aporta una emisión de contaminación por anhídrido carbónico extra. Sin embargo, las emisiones que se producen en calderas donde se queman derivados de combustibles fósiles, aportan una contaminación extraordinaria, resultado de la extracción de materiales que un día fueron parte de la vegetación de la Tierra, y que entran en el juego de la contaminación con nuestra ayuda, algo que no ocurriría de forma natural. Además, su quema añade azufre a la atmósfera, lo que no sucede con los procesos generados por las calderas de biomasa.
Las calderas de biomasa, entre el ahorro y el ecologismo responsable.
Nota de prensa patrocinada por Novaigrup, Agencia de Marketing Online